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martes, 5 de abril de 2011

En resumen, deshacerse de una central nuclear es una tarea que hay que hacer con mucho cuidado y elevados gastos. Aunque la crisis nuclear continúa en la dañada central japonesa de Fukushima, que ahora está derramando agua contaminada con radiactividad al mar, parece que la situación tiende a estar bajo control.
De momento los operarios están intentando impedir la dispersión de materiales radiactivos, aunque el exterior de la planta, y la región cercana, quedarán sin duda contaminados. Algunas imágenes muestran lo que parece el uso deAzul de Prusia como agente fijador del Cesio 137 con el fin de impedir su dispersión. El mismo Azul de Prusia deberá ser utilizado en animales y quizá suelos en el área inmediata a la central para que el cesio radiactivo no se incorpore a los seres vivos, como se hace en zonas de varios países tras Chernóbil (PDF) o como se hizo en Brasil tras el Incidente de Goiania.
Zonas exteriores de la central deberán cubrirse con cemento o resinas para impedir que el viento o la lluvia desparramen sustancias radiactivas. El agua ligeramente contaminada se verterá al mar, donde se diluirá hasta no suponer peligro alguno; aquella con elevado grado de contaminación deberá tratarse antes de poder verterla, probablemente con resinas de intercambio iónico que retengan los compuestos radiactivos disueltos y dejen limpio el líquido. El proceso de desmantelamiento será peligroso, largo y sobre todo caro. Existen varias opciones a la hora de desmantelar instalaciones nucleares según el gasto que se pueda uno permitir y el tamaño del problema que está dispuesto a dejar a sus descendientes.Cuando todo esto se consiga y la temperatura de los núcleos averiados esté bajo control será el momento de empezar a pensar en estabilizar y desmantelar los reactores dañados, como ya ha solicitado el primer ministro japonés.

'Desmantelamiento inmediato', la opción más cara

La opción más honesta, y cara, es el 'Desmantelamiento Inmediato' (Decon, en jerga en inglés), que procede a deshacer la estructura completa empezando por la eliminación del combustible usado, continuando por la descontaminación de superficies y finalizando por el derribo, teniendo en cuenta que grandes porciones de estructura (acero, hormigón) estarán contaminadas y por tanto deberán manejarse con sumo cuidado. Por ello se utilizan técnicas muy sofisticadas que incluyen el corte submarino, llenando previamente las estructuras de agua para impedir el polvo, los explosivos dirigidos de demolición o hasta robots equipados con lásers ultravioletas de corte.
Los escombros deben ser tratados especialmente; Francia construye en la macroplanta nuclear de Marcoule una fundición especial para reciclar el acero contaminado con productos de activación radiactivos, que puede ser reutilizado en futuras centrales. Todo ello encarece notablemente el proceso. En EE.UU. se calcula que el coste promedio de desmantelar un único reactor tipo es de 315 millones de dólares. pero en muchos casos el precio final es mayor.
No hay muchas plantas de producción nuclear de energía eléctrica que hayan culminado este proceso; entre ellas destacan las estadounidenses de Yankee Rowe,Maine Yankee y Connecticut Yankee, que acabaron el proceso entre 2006 y 2007. Los costes superaron en todos los casos los 600 millones de dólares, y alcanzaron los 820 en el caso de Connecticut Yankee. En algunos casos el combustible gastado permanece 'in situ', almacenado en estructuras temporales.
También ha sido desmantelada el reactor A de la planta alemana de Gundremmingen, que quedó inutilizado por un accidente en 1977.

'Desmantelamiento Diferido', responsabilidad futura

La segunda opción es la llamada 'Desmantelamiento Diferido' o SAFSTOR (por Safe Store, almacenamiento seguro), que consiste en retirar el combustible y cerrar los edificios manteniendo el complejo bajo control durante unas cuantas décadas para que los materiales radiactivos decaigan y el futuro derribo sea más sencillo.
Esto abarata los costes, a cambio de endosar la responsabilidad de la limpieza a futuras generaciones. Parte del atractivo consiste en confiar en tecnologías de limpieza aún no desarrolladas, más efectivas y económicas. Varias centrales italianas (Caorso, Garigliano, Latina, Trino Vercellese), la británica de Berkeley y la japonesa de Tokai 1 han optado por este proceso. Francia, en la práctica también, ya que el desmantelamiento de varias nucleares galas (Bugey-1, los tres reactores de Chinon, Saint-Laurent y el Superphénix de Creys-Malville) está pospuesto 'sine die'.Esta es la situación del Reactor I de Valdellós, que ha sidoencerrado en un cajón de acero hasta 2028, cuando se iniciarán los trabajos de la Fase 3 (demolición).
Sólo la pequeña planta de Brennilis, cerrada en 1979, está en Fase 3; el coste del proceso se multiplicó por 20 hasta alcanzar los 480 millones de euros.

'Enterramiento', más barato y menos responsable 

La tercera, más barata y menos responsable opción es el 'Enterramiento': consiste en acumular los materiales radiactivos en el menor área posible y cubrir el conjunto con una estructura permanente de hormigón capaz de resistir decenas (centenares, o incluso miles) de años, impidiendo su dispersión al medio ambiente. Es básicamente dejar en herencia el problema a futuras generaciones, que serán quienes tengan que encargarse de la limpieza final, eso sí con la radiactividad reducida por el decaer natural de los radioisótopos.
Es el método utilizado en Chernóbil, donde se juzgó era el único procedimiento posible para mantener bajo control los materiales radiactivos hasta que la intensidad de sus emisiones se reduzca. Cuando la planta ha sufrido un accidente su estado interno es desconocido, lo cual complica (y encarece) sobremanera cualquier desmantelamiento. En el caso del reactor 2 de la central de Three Mile Island en los EE UU, que sufrió el que hasta ahora era el segundo accidente nuclear más grave de la historia, sólo retirar el dañado núcleo (hubo una fusión parcial) costó más de 800 millones de dólares sin apenas tocar el resto de las estructuras; el coste seguramente se disparará cuando llegue el momento del derribo completo.
A estas alturas no está claro cuál será la opción que se tome en Fukushima, pero una cosa es segura: será un procedimiento largo, complejo, arriesgado y muy, muy caro.

lunes, 28 de marzo de 2011

TEPCO reconoce que se ha encontrado plutonio en el suelo de la central de Fukushima

  • La empresa asegura que los niveles encontrados no perjudican la salud
  • El OIEA anuncia una conferencia internacional sobre seguridad nuclear

La empresa que opera en Fukushima, TEPCO, ha informado que los resultado de los análisis realizados la semana pasada muestran que se ha encontrado plutonio en el suelo de la central.
Según el vicepresidente de la empresa, Sakae Muto, no existe riesgo para la salud. Muto también ha manifestado que este hallazgo no va a hacer que se suspendan las tareas que se están realizando en la central para controlar los reactores dañados por el terremoto y el tsunami.
Esta es una de las últimas noticias que se conocen de Fukushima, junto a la existencia de agua altamente contaminada en el reactor número 2 y en un momento en el que crece la tensión entre la empresa y el gibierno japonés tras haber salido a la luz que TEPCO no ha proporcionado los auténticos niveles de radiciación que existen en la planta.

Cumbre internacional

Este hecho se conoce el mismo día que el director general del OIEA, Yukiya Amano, ha anunciado la convocatoria de una conferencia internacional al máximo nivel sobre seguridad nuclear, que se celebrará a finales de junio en Viena, con motivo de la actual crisis nuclear de Japón.
El responsable máximo de la agencia nuclear de la ONU asegura que la reunión tendrá un carácter político, ya que este asunto es tan grave que no puede ser tratado "sólo por expertos y técnicos".

lunes, 21 de marzo de 2011

Los españoles que vienen de Japón no están contaminados

Por fin llegan a España, después de más de un día de viaje y haciendo escala en Bangkok. En total, aterrizan 154 personas: 79 son españoles y el resto cónyuges japoneses y pasajeros procedentes de otros países de la Unión Europea y ocho de Brasil. En las maletas traen sus vivencias tras el tsunami y los terremotos y ahora, ya en tierra española, un equipo de especialistas ha comprobado si de Japón también traen contaminación radiactiva. Según ha declarado Carmen Amela, directora general de Salud Pública, a ELMUNDO.es, "no se ha encontrado ningún indicio de contaminación en ningún viajero, ni en su ropa, ni en el equipaje ni en el avión". Durante el vuelo, explica, se les ha pasado un cuestionario para conocer la zona geográfica de donde proceden en Japón y si tienen síntomas relacionados con la contaminación, como náuseas, vómitos... "Ninguno vivía a menos de 100 kilómetros y ninguno presentaba síntomas".

Una vez en tierra, tal y como estaba previsto en el protocolo para la vigilancia radiológica, establecido por el Ministerio de Sanidad y el Consejo de Seguridad Nuclear, tenían la posibilidad de someterse a una medición radiológica. No era una cuestión obligatoria, sino de carácter voluntario. En total, 119 viajeros se han sometido a esta prueba, incluida casi la totalidad de los niños (36). El resto ha ejercido su derecho a negarse. "Ha salido todo bien. Nos han pasado un aparato alrededor del cuerpo, pero no ha dado positivo. No se tarda más de tres minutos", explica Paco Valdés, una de las personas que ha regresado de Tokio en el avión fletado por el gobierno español.
"He venido con mi hijo. Mi mujer se ha quedado allí trabajando. Más que miedo a los terremotos (que hemos vivido muchos en 20 años), lo que tenemos es respecto a la radiactividad. Si dentro de unos años mi hijo tiene cualquier problema no quisiera preguntarme si fue por culpa de la radiactividad. Si te puedes ir, te vas; y eso hemos hecho", cuenta Paco.
El procedimiento de medición es sencillo. Un equipo de 20 inspectores (entre ellos cuatro médicos de Sanidad Exterior) recorren con un detector la superficie del cuerpo (incluida la ropa), deteniéndose especialmente en el cabello, las extremidades o la glándula tiroides. Con aparatos parecidos se han realizado las mediciones del equipaje y el avión. Como "no hemos encontrado ningún indicio, no ha hecho falta hacer nada más", puntualiza Amela, no sólo como directora general de Salud Pública, también como médico. "Habíamos habilitado duchas y teníamos una habitación con ropa. Si hubiéramos encontrado algún indicio de contaminación, les habríamos facilitado ducha y ropa para después repetir la medición". En caso de que los niveles de contaminación persistieran, el siguiente paso habría sido "programar una revisión más adelante en un contador de radiactividad corporal para medir una posible contaminación interna", explica el CSN en un comunicado. Finalmente, esto no ha sido necesario, ya que ni siquiera "hemos encontrado valores de radiación externa", detalla la doctora Amela. "Sí hemos observado que todos estaban muy cansados. Es normal, después de un viaje de 30 horas...". Algunos incluso más, ya que ahora se dirigen a otras ciudades como Oviedo o Murcia.
Para cualquier duda que tengan las personas procedentes de Japón, el Ministerio de Sanidad pone a su disposición un número de de teléfono de información (901 400 100) y una dirección de correo electrónico (oiac@mspsi.es).